Música Insobornable

lunes, 14 de abril de 2014

Mis domingos al sol (porque un poco de humor siempre viene bien)

 “ALQUILADOS”

Cuando llego a mi casita (un adosado pequeño, en una urbanización tranquila que huele a sal) y descargo la compra, me doy una ducha y preparo un café, una horchata o una cerveza fría –según la hora- suelo sentarme en la terraza, respirar hondo y casi siempre decir…”Ahhhhh, que bien se está en casa!!!” y es verdad. Porque en este trozo de tierra, se respira mucha paz y tranquilidad, bueno, se respiraba…
Hace unos días, mi vecino me dijo: “Sabes, vecina? he alquilado el bungalow para unos días, es una familia muy agradable, ya verás. Como no voy a poder utilizarlo en todo el verano y necesito dinero, pues he pensado que era lo mejor”  yo le contesté que claro, que era lógico, que para tenerlo vacío, mejor sacarle algún provecho, pero se lo dije -como es natural- con la boca pequeña y esa sonrisa que se pone cuando no hay más remedio…
Ayer, a media mañana, un claxon estridente me levantó del sillón como si me hubiera dado una descarga eléctrica; a toda prisa me asomé a la terraza –es muy raro que pase algo así, salvo cuando alguien necesita auxilio- a ver de qué se trataba. Cuando me asomé a la baranda, veo salir de un coche tipo ranchera a una señora muy colorada, con sombrero de paja, un señor regordete, con camiseta y bermudas, otra señora más mayor con un par de cojines bajo el brazo y… uno, dos, tres, cuatro niñooooosss!!! con pelotas, cubos de playa, palitas para la arena, gorras de propaganda en colores chillones, bocadillos a medio comer...
Sentí un poco de mareo (quizá por el sol), pero el señor de la camiseta, a voz en grito me dijo: “Holaaaaaa!!! buenos días, somos los vecinos, encantado de conocerla, luego pasamos a saludarla, antes he tocado el claxon por descuido, no la habré despertado, verdad?”
Yo no tenía palabras, sólo sonreí sin terminar de creer lo que estaba viendo. Abrieron el candado, la valla de entrada y empezaron a descargar: maletas, bolsas, nevera portátil, sombrilla y sillas plegables. Los niños se apostaron en la valla de entrada a mi casa intentando coger las orejas de mi asustado perrito que les ladraba por desconocimiento, la señora le dijo: “Vamos, vamos, ya tendréis tiempo de jugar con el "bicho", ahora hay que descargarlo todo y el papá solo no puede, así que daros prisa o no hay playa, que yo tengo que acomodar a la abuela arriba que la pobre está muy cansada del viaje"
 Y le volví a sonreír de aquella manera...
Hoy, domingo, agosto, con calor por un tubo, os habla una mujer cansada, muy cansada, desde una casita que era tranquila, que olía a sal y ahora huele a cocido para ocho, hecho con una tacita de aceite, unas patatas, un poco de sal, unas cerillas, una vela, unas ramitas de olivo, un poco vinagre, poco de chorizo de cantimpalo, un alargador y tropecientas muchas graciascon el consabido: que mire usted, mañana lunes iré al súper y se lo devolveré todo, porque con tanto crío no puede una estar en todo y encima mi marido, que sólo se preocupa de conducir, de enchufar la tele y aquí me las den todas…y mi madre, que la pobrecita tiene un reúma muy malo y menos mal que nos hemos venido aquí, que nos han dicho que hace muy buen clima y es muy tranquilo...
Mi perro no sale de su caseta, le ha cogido respeto a una pelota que no para de saltar la pared medianera y yo estoy por coger una cuerda y atarla para no tener que bajar y subir tanto, que una ya va teniendo una edad…en fin.
Ahora no se oye ruido, creo que están en la playa, yo estoy en el despacho, me da miedo salir a la terraza, esperaré a la noche y con sigilo -por aquello de no despertarlos-  igual me tomo una horchata a la fresca.


©elvira vicente bernabéu