Música Insobornable

viernes, 2 de mayo de 2014

UN POCO DE HUMOR

LA SEGADORA DE SÁBADOS
Hoy es sábado. Lo sé porque me ha despertado el ruido estridente de la segadora de césped de mi vecino, ese que se levanta tardísimo los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes…ese que suelta al pastor alemán por la tarde y no se acuerda de llamarlo, porque sabe a ciencia cierta que –a fuerza de verle con la lengua fuera empinado a mi valla- le pongo agua fresca y algo de merienda…ese, ese, que luego se jacta de tener un perro bueno y obediente, porque no ladra mientras le espera atado muy corto a la farola que hay junto a la puerta del súper.
No es que yo sea muy trasnochadora, no, pero los viernes por la noche son dados a las charlas hasta tarde, a que los cotilleos en el facebúck sean más entretenidos, a las visitas de los amigos o simplemente, a alguna salida que otra hasta más tarde que de normal.
Pues este vecino mío, jubilado tempranamente por su empresa, tiene fijación con la segadora de césped y los sábados por la mañana, además, la engrasa poco y la pobre renquea y llora, pero a gritos que amontonan los sesos, palabra de honor!
El viernes pasado, coincidimos en el súper poco antes del mediodía, bueno, me hice la encontradiza porque vi a Yaco atado a la farola y supe que su dueño estaba dentro.
Lo encontré eligiendo tomates, pero me hice la despistada, decidí seguirlo y así, comprobé que pasaba de largo por la zona de bricolaje sin pararse a comprar algún spray de esos que todo lo arreglan y que sirven para engrasar cerraduras, aflojar tuercas y curar los renqueantes engranajes de las cortadoras de césped…
Nos vimos en la cola de caja:
-Hola! -me dijo en tono festivo- qué, de compras?
- Claro, ya ves, cosillas que siempre hacen falta –le contesté con la mejor de mis sonrisas- esta noche vienen las amigas a cenar y haremos una barbacoa…ya sabes, si te apetece, pásate a tomar algo.
- Oye, pues me acabas de dar una idea: me paso a la barbacoa y la copa la tomamos después en mi casa, vale?
Quedamos de acuerdo, pero en mi cabeza surgió una idea mejor que la suya.
Aquella noche de viernes resultó muy entretenida, agradablemente divertida y nos despedimos ya entrada la madrugada, mi vecino enseñó a mis amigas todo el contenido del garaje, incluidas varias maquetas de barcos a medio montar y… como no! su máquina corta-césped a la que adoraba como una reliquia de herencia.
Mientras mostraba entusiasmado sus plantas, sus árboles… y su césped, yo me despisté un momento junto a la máquina maquiavélica.
Vuelve a ser sábado por la mañana…acaban de dar las diez y me ha despertado la radio…escucho algunos tacos en arameo…es mi vecino…creo que dice algo como “mira que soy imbécil, claro, dejarla en mitad del jardín, a la intemperie! joer, esto debe haber sido cosa de algún ratón, porque las ardillas no se comen los cables así mecagunlalechequelandaoalamaquinalosguevos!!!”
En fin, lo que hace un corta-uñas, oiga! jejejeje.

©elvira vicente bernabéu